viernes, 15 de abril de 2011

Dignidad Ciudadana de San Juan, en contra de la reelección indefinidad del gobernador Gioja

Por Alberto M. Sanchez
Doctor en Derecho
Dignidad Ciudadana - San Juan


Hace pocos días se ha arrojado un nuevo globo de ensayo sobre la sociedad sanjuanina: la posibilidad de practicar una enmienda a la Constitución Provincial que posibilite la reelección del actual gobernador, lo que no permite al art. 175 de la misma. Esta idea es, por un lado, imposible desde el punto de vista jurídico y, por otro, altamente inconveniente desde el plano republicano.

En cuanto al primer aspecto, el art. 277 de la Constitución provincial dispone que la enmienda de un solo artículo de la misma puede ser sancionada con el voto de los 2/3 de la totalidad de los miembros de la Cámara de Diputados y el sufragio afirmativo del pueblo de la Provincia, convocado al efecto en oportunidad de la primera elección que se realice. La norma utiliza la palabra “elección”, que sólo se refiere al acto por el cual se eligen cargos públicos. No es posible, por ende, aplicar este mecanismo utilizando la vía del plebiscito o de la consulta popular. La prueba está en que la facultad de convocar a “elecciones” la tiene el Poder Ejecutivo (art. 189, inc. 8), mientras que la Cámara de Diputados sólo la ostenta en defecto de aquél (art. 150, inc. 23). En cambio, la competencia para convocar a consulta popular la tiene originalmente la Cámara de Diputados (art. 235). Es decir, que una cosa es una “elección” y otra muy distinta una consulta popular o un plebiscito, requiriéndose de la primera para el procedimiento de enmienda. Así las cosas, la primera elección que tenemos por delante es la del año entrante para elegir la totalidad de las autoridades provinciales, con lo que no habría modo alguno de enmendar antes la Constitución para posibilitar una nueva reelección del actual gobernador.

Pero más allá de esto, las reelecciones indefinidas son altamente dañinas para el sistema republicano. No se trata de impedir que el pueblo decida. Ningún derecho es absoluto y esto incluye al de elegir y al de ser elegido. A nadie se le ocurriría, por ejemplo, cuestionar el porqué de las limitaciones de edad para ser gobernador, reclamando poder elegir como tal a un chico de 15 años. Por eso cabe preguntarse: ¿Es razonable que la Constitución impida que un ciudadano pueda ser reelegido sin límite temporal alguno? Alberdi, en el proyecto de Constitución anexo a sus “Bases...”, reglaba en el art. 79 que el presidente no podía ser reelecto sino con intervalo de un período, y en la nota a dicho artículo expresaba: “El Presidente tiene siempre medios de hacerse reelegir y rara vez deja de hacerlo. Toda reelección es agitada, porque lucha con prevenciones nacidas del primer período...”. En definitiva, los argumentos para evitar la reelección indefinida son varios y contundentes: 1) Se fortalece el sistema republicano, que requiere la renovación dirigencial, con la que se evita el

anquilosamiento y se oxigena las estructuras del poder; 2) Se elimina la perpetuación en el poder y todo lo que conduce a ella, como las actitudes demagógicas constantes; 3) Exige al gobernante la capacidad de generar su propio reemplazo, lo que le obliga a trabajar en equipo y le impide la construcción de espacios cerrados de poder unipersonal; 4) Nos enseña que jamás el futuro depende de una sola persona, sino del esfuerzo comunitario por construirlo entre todos.

A un gobernante le bastan ocho años para servir de la mejor manera a su Provincia y entregar luego el poder. Es ése el mejor testimonio de que no quiso usar al pueblo para convertirse en una versión pseudo democrática del monarca vitalicio.

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